LUCÍA MERCHÁN ÁLVAREZ  |  Fotografía:  Gloria Martínez  |

Hoy en día los medios de comunicación constituyen uno de los instrumentos de influencia masiva más comunes para la propagación de información, pero a menudo estas publicaciones pueden afectarnos de forma negativa, como es el caso de la difusión de la islamofobia.

La islamofobia o fobia al islam se determina como una aversión hacia los musulmanes y el islam, como un temor o discriminación hacia esta fe y a sus seguidores, cuyo fin es la propagación de la xenofobia hacia aquellos que la profesan y el rechazo de esta religión. Cada vez está alcanzando mayor relevancia en todos los medios de comunicación (especialmente en las redes sociales, prensa escrita y medios online). Estas críticas a ciertos aspectos del islam, así como a la xenofobia musulmana generada por los medios puede ser fruto de la violencia yihadista. Los periódicos digitales son un claro ejemplo de medio propagandístico de ésta, sobre todo sus titulares de portada. Por ejemplo, en un titular del diario de LA VANGUARDIA (2018), la toma de rehenes en un supermercado francés reivindicaba al Estado Islámico cuando únicamente provenía del terrorismo yihadista, con el fin de buscar una mayor sonoridad en el título de la noticia para generar en el público una mayor atención.

La islamofobia se caracteriza por la asociación del término racismo y del término cultura, lo que lleva al cuestionamiento sobre la relación entre los grupos yihadistas y el islam, esta tendencia llega a distorsionar la realidad y consigue una mayor audiencia al exagerar los datos de la información, no es lo mismo que un grupo terrorista yihadista realice un atentado a que lo hagan todos los musulmanes, como viene referido muchas veces en los medios. Con ello, lo que se consigue es llevar al lector a una idea distinta de la realidad ocurrida en el hecho noticiable.

La islamofobia al igual que la judeofobia se originó hace años, pero no es hasta ahora cuando la alarma de ésta primera comienza a sonar debido al enorme incremento de personas que han comenzado a padecerlo. Tanto es así, que tras un ataque terrorista las redes (como Twitter, Facebook,…) se llenan de prejuicios sociales y culturales hacia el Islam.

Este tipo de aversión que genera el periodismo desarrolla un mayor miedo y odio en el público, consiguiendo despertar su interés y captar una mayor atención. Pero esto puede llevar al lector a una idea equivocada de quién realiza los acontecimientos, puede llevar a confundirlos y a mal informales de la noticia.

Resulta complicado no caer en la islamofobia, ya que los periodistas que se sirven de los medios de comunicación, lo utilizan como una estrategia para vender y atrapar el interés del público, aparte hay que añadir también la intervención de los receptores en las redes sociales. Para evitarlo, uno de los mayores consejos sería hablar de forma concisa y veraz sobre el causante de un atentado, atraco, toma de rehenes,… en vez de referirse al conjunto musulmán como tal, realizando siempre un uso correcto de la lengua y evitando que se pueda mal interpretar, especialmente con los titulares. Porque se trata de informar, no de cambiar realidades.

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