La ilusión de Alma

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Taller de televisión de Alma Trabajos para InformaUVa
PATRICIA LUCEÑO MARTÍNEZ  |  Fotografías: Patricia Luceño

Aunque parezca mentira, se puso nerviosa. Puede que diez años narrando la información local en directo no atempere el vértigo que suscitan las primeras veces. Alma Trabajos se estrenaba como docente en el taller que impartió el pasado 11 de marzo a los redactores de InformaUVa.

Nerviosa, pero con las ideas claras: “Me gustaría que participarais y llamaros por vuestros nombres”, arrancaba con timidez mientras los 15 asistentes rotulaban sus alias en papel. Timidez y humildad. La que se dejaba entrever cuando confesaba que nunca había hecho televisión nacional; la que se filtró a lo largo de esas dos horas de aprendizaje en sus constante avisos: “No sé si me estáis entendiendo, si me estoy explicando. Por favor, preguntadme cualquier duda”. Nada más lejos de la realidad: caras ávidas, consultas recurrentes y la seguridad de quien sabe lo que hace.

Y es que, aunque el apelativo ‘local’ parece hacer menguar las cosas, el ritmo de la actualidad más cercana es el que curte. Y eso se nota. Los mil y un tecnicismos –“que varían dependiendo del lugar en el que estéis”, advertía Alma- brotaban con aplomo y fluidez en su discurso, que impregnaba de sonrisas y alguna que otra carcajada la tarde del viernes.

VTR, colas, totales… Una lección teórica y práctica que sentó las bases de una audiencia que, en su mayoría, aún no había tocado el medio audiovisual en la carrera. De este modo, los redactores de InformaUVa cerraron su semana sabiendo leer escaletas (porque Alma llevó impresos hasta dos modelos diferentes para cada uno de ellos) y controlando la estructura de las piezas informativas.

Al final, se trata de cuestionarse todo. Una pregunta sencilla bastaba para poner al público alerta y sembrar en él la más pura curiosidad: “¿Sabríais distinguir cuándo una conexión es en directo y cuándo no? ¿Dónde está la clave?”. Y así entró en nuestro universo el mundo de los falsos directos. Algo que choca al profano, pero que, según contaba la vallisoletana, es muy habitual. “Es un juego arriesgado, pero que, una vez que se coge el ‘tranquillo’, es muy fácil. Y está claro que no es lo más deseable, siempre es bueno estar en el lugar, pero hay previas o noticias en las que, a cierta hora, sabes que ya no va a pasar nada”.

Los redactores de InformaUVa en su primera toma de contacto con una escaleta. Fotografía: Patricia Luceño.
Los redactores de InformaUVa en su primera toma de contacto con una escaleta. Fotografía: Patricia Luceño.

Con ese devenir no es de extrañar que cosechara la participación que había solicitado desde un primer momento. Con una Laura sorprendida que planteaba en alto un “¿qué le ocurre a un informativo para no interrumpir una emisión cuando hay atentados en París?”, comenzaba la polémica.

También los trucos y simulacros: “Imaginaos que la cobertura es a la una y tenemos que salir en directo a las dos, ¿cómo lo resolvemos?”. Situaciones reales que tenían que solventar ellos, los que el día de mañana estarán al otro lado del televisor, perpetuando las historias. Y es que Alma también recuerda que en la carrera había muchas cosas que no dio. “Yo estudiaba en Madrid y no tuve ni tele”, confiesa.

¿Cómo llegó entonces al plató? Se ríe ante la pregunta. “Pura casualidad”, admite. “Había hecho radio, prensa escrita y, un día, encontré el anuncio para la televisión. Lo eché, hice la prueba… [se para a pensar] A ver, hice lo que pude”. Risas generalizadas. Hace rato que se los ha metido a todos en el bolsillo. Sigue confesándose: “Había gente mejor, con experiencia en televisión, pero por 800 euros… muchos no estaban dispuestos. Yo, en cambio, recién licenciada y viviendo con mis padres, no tenía problema”.

El desarrollo del taller parecía pasar, casi sin querer, del terreno técnico al más personal. Como ayudando a instaurar un ambiente íntimo, fuera anochecía.

Y es que la vida de Alma ha dado un giro de 180 grados en los últimos meses. Tras abandonar la pequeña pantalla, se encuentra en pleno proceso de reconversión. Cobertura deportiva para una agencia británica –Opta Sports– los fines de semana, regreso al medio escrito con su blog, convocatorias públicas… y la tan ansiada y pospuesta coyuntura de “recuperar los cafés pendientes”. “Lo peor de la profesión es que no hay horarios. Mis amigos ya lo saben y no me lo tienen en cuenta, son conscientes de que a última hora puedo cancelar cualquier plan. Realmente, es muy difícil. Son agendas que no te permiten tener otra actividad: económica para compensar o, mismamente, social”, comentaba.

Un momento durante el taller de Alma Trabajos. Fotografía: Patricia Luceño.
Un momento durante el taller de Alma Trabajos. Fotografía: Patricia Luceño.

Porque trabajando de periodista uno no se hace de oro; a pesar de la dedicación, de la presión, del cansancio… Un panorama poco halagüeño que Alma quebraba con ese optimismo que cualquiera que haya compartido redacción con ella conoce bien: “No os quiero desanimar, sois muy jóvenes. Yo pude emanciparse con 900 euros al mes. Es cuestión de esfuerzo”.

También de saber poner límites. “Es bonito si tienes la suerte de poder dejarlo a tiempo. No tengo intención de volver a la tele local”, descubría con cierto grado de tristeza, pero también con la convicción de quien se ha quitado una venda de los ojos. Tan solo una semana antes, mientras se preparaba su pequeña incursión universitaria, parecía haber superado la endogamia inevitable de las estancias largas. “Jamás me hubiera planteado que hubiera tantos recursos y tantas formas de contar las cosas. Me parece fascinante la de puertas que se abren ahora mismo”, reconocía con asombro.

En fin, “aunque se sufra como un perro, no hay mejor oficio que el periodismo”, que decía García Márquez. Parece ser verdad. Alma califica su relación con él como “de amor-odio”. Aunque, tras ver cómo alaba la labor del realizador o la adrenalina del directo, cómo explica lo que le encantan los especiales o todo lo que se aprende como informador, parece más de amor que de odio. Al final, los rescoldos de una década calientan, aunque no quemen.

Está claro que es algo que se lleva por dentro: después de abrirse y responder a todos, canjea los roles y es ella la que pregunta, algo a lo que está más acostumbrada. “¿Qué es lo que os gusta a vosotros? ¿Por qué elegisteis el periodismo?”, inquiere con verdadero interés. Y así, entre risas, consejos y confesiones, Alma deja entrever cómo la docencia es una de las ‘espinitas’ que tiene clavadas. “Me encanta”, admite en la intimidad de una facultad ya prácticamente vacía. Con su sonrisa y los ojos cargados de ilusión, sale por unas puertas que espera volver a cruzar dentro de poco. Y así, en la distancia, parece un poco más grande que cuando entró, tan solo tres horas atrás.

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