De fantasmas y féretros en el Parlamento

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El segundo día del I Congreso ‘Valladolid, capital del columnismo’ cerraba su sesión de mañana con una mesa redonda en la que Juan Soto y Guillermo Garabito charlaban sobre la crónica parlamentaria

CLARA NUÑO GÓMEZ  |  Fotografía: Alba Camazón  |

Miércoles. 12:30 del mediodía. Una mesa rectangular quiere ser redonda. Dos jóvenes periodistas; uno con melena, el otro con barba. Ambos trajeados. Se trata de Juan Soto Ivars y Guillermo Garabito, que se montan una tertulia en la que el café y las pastas son sustituidos por botellas de agua y micrófonos. Tomando a modo de escenario el Salón de Grados de la Facultad de Filosofía y Letras. Entre ellos, como moderadora, se encuentra Carmen Domínguez, vicepresidenta de la Asociación de Prensa de Valladolid (APV).

El público se divide entre aquellos que peinan canas y estos que aún mantienen algún que otro diente de leche, periodísticamente hablando. ¿El tema? La crónica parlamentaria como género de opinión. Suena aburrido. Lo es, confirma Soto, por eso hay que insuflarle vida. Siempre ha comparado a los políticos con animales, le divierte. Le divirtió aún más saber que el zoo de Cataluña estuviera al lado del Parlamento. “Cuando llegué, olía a cuadra. Se ve que los meten aquí a dormir por la noche con la vara o algo así, pensé”.  Alguna que otra risa salpica la escena mientras el periodista continúa diciendo que, por desgracia, el Parlamento puede llegar a ser tan aburrido como un zoológico. Fuera puede pensarse que hay un proceso de secesión virulento, que la gente pelea y se respira tensión. Nada más lejos de la realidad. Irónico, afirma que allí solo se encuentra gente aburrida intentando crear un nuevo Estado y otros, más aburridos todavía, tratando de mantener lo que ya hay. “Otra cosa, más plúmbea si cabe, que crear un Estado es dirigirlo, a no ser que se llame Panamá, claro”. Más risas. El ambiente, a unos minutos del comienzo, se torna animado.

Garabito, de aspecto más grave, también bromea sobre las Cortes de Castilla y León: “He dicho muchas veces que a ver si nos independizamos para tener materia para escribir. Pero uno acaba haciendo de su capa un sayo y escribe cómo no nos independizamos”. Entiende que debe fijarse en lo anecdótico para elaborar su crónica, pero él tiene un problema: la zona donde se encuentran los políticos está bastante alejada del espacio reservado a la prensa y es miope. Más de una vez ha sospechado que algún político estaba jugando con el móvil. Sin embargo, no contaba con la certeza suficiente para trasladarlo al papel.

Soto, proveniente de la literatura, se concede la licencia de inventarse las crónicas, cosa que despierta carcajadas incrédulas en los espectadores y en su atónito compañero.

  • ¿Tú te inventas cosas en la crónica parlamentaria?
  • Claro, me invento personajes para contar lo que está pasando, sin falsearlo. Que sea obvio que son ficticios.

Pues no es raro encontrar una crónica de Soto en la que aparezca un féretro en mitad del Parlamento o el fantasma de Tejero caminando entre las butacas de los presentes. Garabito no parece convencido del todo con eso de crear un escenario apócrifo. Recuerda el consejo que le dio Raúl del Pozo cuando supo que le encomendaban la temida crónica parlamentaria: “¡No se te ocurra inventarte nada! ¡Todo muy veraz, como Azorín!”. Claro que el escritor era detallista en exceso y el periodista se quedó patidifuso al leer su trabajo. Decidió no novelar y recrearse en los pequeños detalles que, finalmente, acaban erigiendo la escena.

De esta guisa se encuentran, uno frente al otro, dos jóvenes cronistas. Con melena uno, con barba el otro. El literario frente al descriptivo. Cara a un público que pensaba en cualquier cosa menos divertirse hablando de la crónica parlamentaria.

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