AITANA BRUSA SAFIGUEROA  |  Fotografía: Andrea Lopez Zanon |

Los trastornos de conducta alimentaria (TCA) son enfermedades mentales que no solo tienen repercusiones físicas y visibles, sino que son mucho más graves y afectan de manera psicología a quienes las sufren.

Los medios tienden a enfocar estos trastornos de manera puntual y, en ocasiones, sensacionalista. Suelen aparecer cuando hay grandes personalidades que sufren algún TCA o cuando un caso ha llegado al extremo y hay un fallecimiento. Ninguno de estos dos casos es el adecuado ya que no es visión general y objetiva que fomente el conocimiento de estos trastornos.

El papel de los medios en la sociedad es fundamental ya que es el espejo de muchos. Por este motivo, la información que transmiten sobre estas enfermedades debe “fundamentarse  con datos reales y científicos, y conviene asesorarse previamente mediante profesionales especializados en trastornos de la conducta alimentaria”, explica la Asociación Castellano Leonesa de Ayuda a Familiares y Enfermos de Bulimia y Anorexia (ACLAFEBA).

Es muy importante que el ideal de belleza transmitido por los medios y por la sociedad deje de identificarse con la extrema delgadez, y por supuesto, como sinónimo de salud. Deberían fomentar la diversidad corporal real de la sociedad y mostrar que no hay un tipo de cuerpo mejor que otro, más atractivo o más sano. Tienen como tarea fomentar el conocimiento de estas enfermedades que siguen siendo tabú para muchos, tanto los que lo sufren como los que no.

Además, hay muchos estereotipos y desconocimiento sobre estos trastornos, en parte, por culpa de los medios, ya sea por transmitir una idea incorrecta como por no educar sobre ellos. Cada uno de estos trastornos es distinto y afecta de manera diferente también a cada persona que lo padece, por eso hay que tener un gran conocimiento sobre el tema para poder transmitir todos los matices que tiene cada enfermedad sin caer en la vaguedad.

“Hay mucho desconocimiento, muchas veces se confunden los términos de anorexia y bulimia, limitando la diferencia únicamente a si se produce o no el vómito”


Exponen que una de las razones por las que estas enfermedades son tabú es debido al reflejo de la propia sociedad y su presión social: “La sociedad ve a estos enfermos como personas con conductas absurdas […], lo que hace que el paciente se avergüence de reconocer que padece esta enfermedad. Es como si tuvieran la culpa de padecerla”, explica la asociación.

Además los medios simplifican en exceso las informaciones relacionadas con estas enfermedades, de esta manera aparecen definiciones incorrectas, sesgadas y creencias falsas. Las TCA suelen relacionarse con el aspecto físico o con un infrapeso grave, y aunque en ocasiones lo están, no solo existe este síntoma. Hay otros que tienen la misma importancia que estos y que están relacionados con lo psicológico: la autoestima, el bienestar emocional, la aceptación social, etc., como señalan desde la asociación.

Estos últimos no son tan conocidos como los físicos ya que aparentemente son menos visibles y los medios no les dan misma repercusión que a los que pueden verse a simple vista.

Desde ACLAFEBA defienden que aunque “el mayor número de casos se producen en adolescentes menores de 20, con un 39%, y en jóvenes menores 30 años, con otro 39%, la sociedad en general debería de conocer más estas enfermedades”. Es necesario que desde los distintos sectores de la sociedad se conciencie y normalice estos trastornos explicando qué son, cómo afectan a las personas, sus síntomas y su recuperación.

Hay un importante camino por recorrer para que las personas afectadas por los TCA sepan reconocer los síntomas, y puedan actuar a tiempo al fin de evitar una intervención tardía. Necesitan saber que hay lugares donde acudir a por ayuda para abordar el tipo de trastorno que sea de manera adecuada. Es fundamental el papel de las familias y por eso estas deben contar con la información necesaria para saber actuar si se produce el caso.

Los mensajes que deben transmitirse para concienciar y educar, pueden tener diferentes destinatarios. Es también otra creencia generalizada que estas enfermedades solo afectan a los adolescentes, y aunque es cierto que son lo más afectados, hay más sectores de la población que las sufren. Por eso no debe limitarse solo a un ámbito de la sociedad, ya que en cualquiera de ellos deben tener la información conveniente para actuar si son los enfermos o las personas de su entorno.

“Los cambios físicos y psicológicos que acompañan el período de la adolescencia  los hacen mucho más vulnerables, por ello es especialmente necesario proteger esta franja de la población de la sobreexposición a los cuerpos delgados y, también, a los mensajes que promuevan la realización de dietas o posibles conductas de riesgo”.


Es innegable que los medios tienen un gran peso en la sociedad y por ello se espera de ellos que visibilicen trastornos como estos, que pese a lo extendidos que están en cuanto al número de casos, no todos conocen qué son ni cómo o dónde tratarlos. Por eso las campañas son tan importantes, los jóvenes consumen a diario distintos medios y por eso su capacidad para influir en ellos es tan grande. Se convierten en un grupo vulnerable a las informaciones que les llegan a través de los medios y las grandes marcas publicitarias. Si continúan extendiendo los ideales y cánones de belleza que han existido hasta ahora, hay un alto riesgo de que las cifras de estos trastornos sigan aumentando gracias a la presión de las marcas emitidas y, todo esto, sumado a los condicionantes que otorga la propia edad.

En su mano está la posibilidad de crear una conciencia fiel sobre estos trastornos alimenticios y normalizarlos.

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