Ainhoa Jiménez Arranz  |  Fotografía: unsplash |

El grupo de “la Manada” ha pasado a formar parte del panorama mediático del último año. Sin embargo, los “violadores de San Fermín” no han sido noticia, más bien comedia. Todos los medios de comunicación han tratado el suceso de forma similar. Este asunto se ha convertido en un “boom” mediático que ha derivado en el sensacionalismo.

En el tratamiento a los acusados, la mayoría de la prensa ha optado por ocultar sus rostros, ya que querían “preservar su intimidad”. A ellos sí se les ha concedido ese deseo, a pesar de que resulta bastante irónico que un grupo de hombres que difunde varios vídeos de contenido sexual, según ellos, sin el consentimiento de la chica que aparece en estos, pida “respeto a su intimidad”. Pero “nuestro deber es proteger…” a unos agresores. Sin embargo, otros medios han tomado la decisión de mostrar fotografías en las que se puede reconocer perfectamente a estos sujetos. Pero esto es, probablemente, debido al morbo que puede despertar en los lectores ver las caras de los agresores. Incluso, se ha dado el caso de noticias en las que se interpretaban los gestos de los acusados, adquiriendo el tono de relato detectivesco.

En lo referente al lenguaje, los adjetivos “supuesto” y “presunto” han invadido las noticias. Se ha hecho un excesivo uso de estas palabras, dando lugar a una utilización, en ocasiones, incorrecta por su contexto. Además, se han empleado frases o citas sin contextualizar, titulares exagerados o comienzos de la narración sin poner en situación al lector. Todo esto ha convertido el caso en una novela escrita mediante la colaboración de la prensa española.

Sin embargo, esto no ha sido suficiente. Se buscaba crear más expectativa. Y así se ha hecho, a través de detalles escabrosos que no constituían información necesaria. Los vídeos que grabó “la Manada” han sido descritos y analizados –y no mostrados por ser un delito-; se han realizado esquemas sobre el lugar y la situación de los chicos, etc.

Pero, por si no fuera suficiente haber transformado un suceso terrible en una comedia mediática, también ha habido medios que, de forma disimulada, le han quitado peso al asunto. Algunos restaban importancia a las agresiones físicas, otros a los vídeos, incluso, alguien se atrevió a tildar de “fiesta” una violación.

Esto nos hace reflexionar si la noticia no se habrá convertido en otro género literario, si no se ha transformado en una nueva versión de las obras de teatro. El escenario es de quien sepa colocarse debajo del foco. Y los clics se han convertido en lo primordial. ¿Qué importa si se ha cometido una violación o no? Lo único que se busca es crear expectación para conseguir más visitas.

El problema ya no consiste en que se proteja o no a las personas que puedan estar implicadas en un delito. Esto va mucho más allá, y ninguno de los que protagonizan las noticias está a salvo de convertirse en el próximo mono de exposición.

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