Andrea Navarrete: “Ahora quiero hacer lo que siempre quise y nunca pude porque mi país no me dejaba”

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MICHELLE ORTEGA RIVERO  |  Fotografía: M. Ortega

La mayoría de los jóvenes desean estudiar en otros países, vivir la aventura de conocer una nueva ciudad, ser independientes, moverse en una cultura distinta…. Pero, ¿y sí debes marcharte a estudiar fuera por obligación y motivos de seguridad? Esta es la historia de Andrea Navarrete Dehollain, una joven venezolana que a sus 21 años hizo las maletas y sustituyó Caracas por Valladolid. El motivo: la inseguridad e inestabilidad de su tierra, Venezuela, en la actualidad.

Estudiante del Grado de Periodismo ahora en la UVa y antes cursando Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello, llegó a Valladolid en febrero de este año y se hizo un hueco entre los compañeros de las clases a las que asiste, que se reparten entre segundo y primero del grado. “Venía un poco predispuesta, la gente hablaba muy mal de la sociedad española diciendo que son xenófobos”, cuenta, “pero fui desmantelando todos eso prejuicios porque me pareció todo lo contrario”. Está muy agradecida con el cálido recibimiento de la ciudad y su gente, que hacen más fácil su estancia.

Valladolid y su gente hacen más fácil su estancia


“Es un poco frustrante, estoy contenta aquí pero la mayoría del tiempo me gustaría regresar a mi país”, relata Andrea, visiblemente nostálgica. Afirma que desde que tiene memoria ha viajado alrededor del mundo y ha visitado España múltiples veces, incluso pensaba en vivir aquí algún día y cursar un máster. Parte de esta idea se hizo realidad de manera casi inesperada. “Mi padre llegó a Venezuela en 2015 muy preocupado por la situación del país y convencido de que nos teníamos que ir”, recuerda, “las cosas se ponían cada vez más difíciles y peligrosas, la inseguridad y escasez hacían que mis padres no se sintieran tranquilos con que yo viviera ahí”.

Al principio no le agradaba la idea, pues le quedaba menos de la mitad de la carrera para graduarse, pero se convenció de que era lo que debía hacer y comenzó a averiguar. Sus primeras opciones al ser una chica “citadina”, como ella misma asegura, eran Madrid, Barcelona o Valencia, ciudades grandes como la capital venezolana. Pero la pequeña Valladolid ganó la puja ya que aquí disponía de una vivienda.

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Andrea en la entrada de su nueva facultad. Foto: M. Ortega.

El traslado no fue fácil. Por su cuenta empezó a tramitar todos los documentos necesarios para su traslado y convalidación -hoy aún no ha convalidado todas sus asignaturas pero espera que poco a poco pueda hacerlo y no repetir materias ya cursadas-. En verano de 2015 vino a Valladolid para explicar su situación y realizar todos los trámites, estuvo esperando sin recibir respuesta hasta mediados de septiembre, cuando decidió volver a Venezuela para continuar sus estudios ya que no estaba dispuesta a perder el tiempo. “El día antes de volver a Venezuela me llamaron y me dijeron que empezaba las clases al día siguiente”, narra, “me iba al día siguiente y no podía cambiar el viaje”. La situación pudo arreglarse ya que la UVa accedió a guardar su plaza para que la joven se incorporase en el segundo cuatrimestre.

Tuvo un semestre más para despedirse de su querida Venezuela mientras cursaba la parte práctica de su carrera, más especializada en Periodismo. Los primeros días no fueron fáciles, toda una ola de cambios repentinos como el frío clima y la falta de sus seres más cercanos parecían frustrar su nueva etapa. “El primer mes no fue tan difícil porque en tu cabeza todavía estás de vacaciones, luego el segundo mes entiendes que está es tu vida ahora y que lo va a ser por un tiempo”, detalla Andrea, quien despues de tres meses de su llegada aún quiere regresar a su casa. “A veces pienso que es egoísta por mi parte que yo tenga una calidad de vida mejor y que mi familia no, me gustaría estar ahí para apoyarlos y no puedo”, expresa con seriedad.

Periodismo a un lado y otro

Las diferencias se notan no solo en la gente, el clima o el lugar, en este caso Andrea ha experimentado un cambio enorme, también, en su vida académica. En su país natal sus estudios en Comunicación Social -que incluye Periodismo, Publicidad y Comunicación Audiovisual- duran 5 años, 3 basados en teoría y 2 en los que prima la práctica en la especialidad elegida, en su caso, Periodismo.

Aquí se reparte las horas entre clases de distintos cursos y con exámenes finales a los que no está acostumbrada. “Me parece más difícil o completa la programación allá, por ejemplo, nos mandaban leer muchísimo y teníamos que hacer una crónica, noticia o entrevista… a la semana”, reivindica, “tenía que ser con 2 o 3 fuentes vivas, vídeo, audio,… y en un país donde además tienes censura y nadie te quiere dar una entrevista o datos”.

Impresionada manifiesta que esperaba que la libertad de expresión de la que disfruta España fuese provechosa a la hora de tener más práctica en la universidad. “Aquí tienen muchas más facilidades y ponen muy poco énfasis en ese aspecto”, reclama, “allá nos mandaban a salir a la calle a cubrir lo que pasaba”, continúa, contando como anécdota que alguna vez tuvo que acudir a la morgue para conseguir información para una práctica.

“Allá nos mandaban a salir a la calle a cubrir lo que pasaba”


“Nunca vas a saber escribir bien crónicas si no las haces”, reitera, sorprendida de que en su país con todos sus condicionantes la parte práctica sea más intensa. Asimismo, confiesa que no pudo abarcar otros medios como radio, o participar en más actividades académicas tanto por tiempo como por el impedimento que suponen las calles caraqueñas. “El tráfico y las distancias te hacen perder mucho tiempo, y no puedes caminar por la inseguridad; estás muy limitado”, asegura. Las cosas que quería hacer debía buscarlas cerca de casa.

Cuando llegó a Filosofía y Letras y no encontró en las aulas la práctica a la que estaba acostumbrada, la busco por su cuenta y descubrió InformaUVa. “Quería escribir y la verdad es que estoy super contenta, mi recibimiento fue muy cálido”, sostiene. Es redactora en la sección de cultura, área en la que quiere especializarse porque saturada de política, sucesos o violencia; quiere “escribir de cosas felices”. “Me encantan los talleres que hacen y me gusta que no haya pago sino que el taller sea la forma de pagarte“, explica ,reiterando que quiere sacar provecho a todo lo que le está facilitando Valladolid.

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Navarrete en uno de los talleres de InformaUVa. Foto: M. Ortega.

La censura de su país hace muy complicada la labor de un periodista, como ella misma narra. “Cuando conseguías algo la mayoría de veces eran piezas cortas y en anónimo”, declara, “todo es un temor a que lo que digas salga publicado”. La situación es tal que como ejemplo revela que conoce casos cercanos de detenciones por poner tuits.

Igualmente, mantiene que sus profesores les hacen ser conscientes de la realidad. “Nos alentaban a comunicar la verdad pero sabiendo el riesgo que tiene”, afirma, “uno se restringe muchísimo”.

“Nos alentaban a comunicar la verdad pero sabiendo el riesgo que tiene”


“Ahora quiero hacer lo que siempre quise y nunca pude porque mi país no me dejaba y estoy muy contenta de tener la oportunidad, porque InformaUVa me lo dio y la ciudad me la da también”, asiente, encantada. y agradece la variedad de eventos a los que ha tenido acceso aquí, de momento.

Con ganas y en todo terreno

“Yo creo que uno tiene que concentrar sus energías en una cosa si quieres que salga bien”, manifiesta Navarrete. Así lo ha hecho, esta joven se ha enfocado en sus estudios abandonando, de momento, sus actividades y trabajo como modelo, pianista y bailarina. “Decidí tomarme un tiempo para adaptarme y entender como era mi vida acá, hacer mi duelo de mi ida de Venezuela”, cuenta.

“Decidí tomarme un tiempo para hacer mi duelo de mi ida de Venezuela”


A parte de abarcar estas habilidades, la joven ya realizó en su país contacto con el área de Community Management. Trabajó llevando las redes sociales de distintas empresas como la Sociedad Venezolana de Cirugía Bariátrica y Metabólica, el Servicio Médico Total, la empresa Toston Boards o la marca de moda Perinola HG. En algunas de ellas también se encargaba de las relaciones públicas y la organización de eventos.

Con 3 años de experiencia como community manager, ahora se encargada de las redes del bar latino Náguará. “En Valladolid va lento lo de las redes sociales, pero si pudiera tener otras marcas las tendría”, detalla.

Mientras extraña su tierra está dispuesta a aprovechar cada segundo la cultura que se mueve en Valladolid. “Tengo un proyecto personal, un blog sobre periodismo cultural que se llama Eclectic Agenda”, confiesa. Este proyecto con dominio propio se estrenará pronto.

“Siento que soy una nómada… ya me fui de mi casa sola, mi vida se resume en dos maletas así que siento que puedo irme a cualquier parte”, expresa. Quiere realizar un erasmus de prácticas y su destino ideal sería Reino Unido por la facilidad que tiene con el idioma. No obstante, asegura que no sabe qué puede pasar pero sabe que algún día la situación de su país cambiará y volverá a su vida en su querida Venezuela.

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