ELVIRA CAFARO  |  Fotografía: CONGRESOCORTO  |

Amparo Plaza ha ofrecido al público un análisis histórico social de “Se vende un tranvía”, cortometraje español del 1959 dirigido por Juan Estelrich con la colaboración de los guionistas Berlanga y Azcona. Fue producido por los “Estudios Moro” para la televisión española.

La conferencia ha tenido lugar el día 8 de marzo en la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid. La quinta mesa de comunicaciones del I Congreso Internacional sobre el Cortometraje estuvo presidida por el profesor Celso Almuiña.

Al principio este cortometraje se planteó como un episodio piloto de una serie “Los pícaros, pero cuando los jefes de programa de televisión vieron el primer episodio decidieron que no podía ser transmitido.

En esa época todos los contenidos televisivos estaban controlados para evitar que fueran difundidos contenidos que estaban en contra o eran considerados no gratos para el franquismo.

La historia narrada en “Se vende un tranvía” es de Julián, un timador de la capital que intenta colocar un tranvía a un rico e inculto agricultor. El protagonista no solo consigue esto sino que además, al día siguiente, el timado vuelve con un paisano que quiere comprarse un tranvía también.

Como explica Amparo Plaza: “El corto lleva consigo la necesidad de mostrar la realidad de esos años, de enseñar la sociedad de la posguerra y criticar la situación de ese momento”. Es visible el acercamiento de Estelrich a la gente sencilla y a la vida cotidiana.

Amparo Plaza sigue: “El tranvía se usa como una sátira de la prácticamente inexistente tecnología que hay en ese momento en España y la burla queda confirmada al final, cuando timador y timado comparten cárcel y además, al mismo nivel y con la misma alegría”.

El resultado de estos treinta minutos de cortometraje es un retrato de la España de los años cincuenta: aunque director y guionistas no querían hacer un corto con un mensaje socio-político, las connotaciones históricas y sociales se pueden entender a través de los diálogos, de la representación, de la puesta en escena y de la narración. El conjunto de todos estos elementos revela las relaciones internacionales de esa época, la presencia de la policía en la calle, los estereotipos sociales de los españoles en aquellos años de plena dictadura franquista.

Es indispensable tener en cuenta el valor pedagógico y didáctico también que conlleva el corto porque, a través de su visión, los estudiantes pueden conocer un periodo de la historia de España y de la sociedad que la conforma, observando cómo las personas visten, los que viajan en el tranvía, los parroquianos en el café, el lenguaje, enfocándose en las diferencias que hay entre el vocabulario de uno y de otros.

Después de este análisis se pueden plantear unas preguntas para entender las motivaciones que llevaron a censurar “se vende un tranvía”: ¿Puede ser que fue por qué en la primera secuencia los presos aparecen en la cárcel jugando al hulahoop y parece más un patio del colegio o un manicomio?, ¿O por qué timadores y timado están bien organizados y son simpáticos? También ¿Por qué en el grupo hay mujeres a las que les encanta disfrazarse de monjas sin quitarse los tacones y que, aunque no estén casadas y no tengan hijos resultan estar contentas sin que parezca que les falta algo? Y, por último,  ¿Por qué en la última secuencia en la cárcel se pone a todos en el mismo nivel?

Finalmente, Amparo Plaza invita a reflejar y elegir cuál podría ser la motivación mejor o más válida según cada espectador del cortometraje.

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