SANDRA PILAR SORIA ALONSO   |  Fotografía: Pixabay  |

El acoso sexual invade cada día la prensa mundial. Sin embargo, ¿qué hay de cierto en este tipo de publicaciones genéricas?

La sensibilidad con la que se habla de los derechos de la mujer se arraiga de manera implacable, por sus numerosas denuncias actuales y la implicación que tiene, tanto en el ámbito laboral como en el personal. Por tanto, es innegable la valentía de la mujer que denuncia lo que ha sufrido para condenar a su acosador.

La libertad de expresión es un derecho fundamental del que gozan todas las personas, así como se hace presente esta, unida con la libertad de información, con respecto a cualquier medio de comunicación. Pero si la tarea constante por parte de cualquier persona es desconfiar de las suposiciones, la de un periodista es aportar siempre el beneficio de la duda, antes de investigarlo y aportar hechos reales y veraces.

Las denuncias de periodistas acosadas sexualmente por sus jefes reciben gran importancia por la gravedad del asunto en materia social y moral y, a menudo, muchas de ellas no se basan en realidades sólidas ni específicas. Las imputaciones de este calibre pueden destrozar la vida de una persona inocente por la presión social junto con cualquier sentimiento de culpa. En caso contrario de que la persona señalada no fuese inocente de los cargos de que se le acusan, tendría, en cualquier caso, que ser considerado judicialmente.

Asimismo, lo primero que un periodista debe replantearse es la veracidad de sus fuentes y la información aportada. A partir de ahí, debe conseguir el resto de información para convertir esa generalización en un caso específico y tratarlo con mucha delicadeza. Todos los profesionales de la información tienen una responsabilidad social y no deben confiar en una única fuente, así como de las generalizaciones y recriminaciones que se lanzan cada día sin base alguna. Luego, la persona en cuestión tendrá derecho a presentarse delante de un juez y a ser juzgado a través de la Justicia y, en ningún caso, por el medio de comunicación ni por la colectividad.

Estas acusaciones que no conforman un hecho concreto pueden ser ciertas, en ese caso, no cabría ninguna justificación moral posible y la condena debería ser ineludible. Sin embargo, estas noticias inducen al pánico de la sociedad, que obliga a tomarse la justicia por su mano; y se olvidan de los derechos básicos, como es la presunción de inocencia y ser juzgado por un Tribunal de Justicia. Además, estas acusaciones públicas trivializan un hecho de gran repercusión: el abuso de poder de los que tienen el mando en los medios de comunicación.

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